LAS TICS Y YO…
Por: Laura Margarita Medina.
Una mañana hace mil años, en una ciudad ubicada a miles de kilómetros, entre miles de rostros desconocidos, ante miles de empresarios implacables, me di cuenta que los tantos miles de conocimientos que creía poseer se habían evaporado. Había estado doce años encerrada en mi cárcel voluntaria ejerciendo el oficio de señora, madre y empleada de servicio de mi amo y señor.
No es que en mi encierro estuviese atada a cadenas, en mis tobillos no me habían puesto grilletes y las puertas de mi hogar siempre habían estado abiertas, era que no tenía necesidad de salir, todo lo tenía materialmente, además la crianza de mis niños me mantenía ocupada.
Mi vida conyugal terminó y cada uno tomó su camino; elaboré mi hoja de vida y salí llena de positivismo en la aventura de buscar un empleo en una ciudad donde nadie me conocía, donde no poseía referencias ni palancas laborales… Por supuesto en todas partes era rechazada hasta que una mañana un bondadoso empresario decidió hacerme una prueba y darme la oportunidad de demostrar mi capacidad para trabajar como asistente de gerencia…
Todo iba bien, me sentía segura, había sido entrenada y no había olvidado las funciones de una secretaria ejecutiva, hasta qué…
─ ¿Es usted digitadora?
En mi mente no existía esa palabra…
─ ¿Digitadora?
─ Soy secretaria… sé manejar los equipos de oficina.
─ Le haremos una prueba, lo importante es que sepa usted operar muy bien el computador, sobre todo sepa mucho de Excel y le rinda digitar…
Me quedé en silencio, parecía que el hombre ante mí hablaba en chino. Muy pronto logré despejar todas mis dudas cuando fui invitada a sentarme frente a un computador. Lo único que me era familiar era el teclado por lo similar al de las máquinas de escribir eléctricas que eran lo máximo cuando laboré en oficinas. Qué vergüenza la que pasé cuando me realizaron un dictado y me entregaron el material que debía pasar al desconocido Excel. Por todas partes buscaba las hojas y el rodillo, con disimulo posé mis manos sobre el teclado esperando recibir una respuesta de las letras, algo así como una ayuda a mi… ignorancia.
Qué iba yo a poder realizar mi primera prueba de trabajo si cuando me retiré del mundo y me dediqué a ser la mejor de las esposas, en las oficinas sólo se conocían las máquinas de escribir, los télex y las fotocopiadoras.
Me dejaron sola ante el computador y yo… no sabía si salir corriendo o decirle: “Ábrete Sésamo”, para mí ese extraño aparato, era una cueva mágica que me negaba el acceso si no poseía las palabras exactas que lograran mostrarme la manera como se manipulaba, una gran caja invadida de misterios que desde ese día empecé a observar como mi peor enemigo y el más temeroso de los mitos con el que me había encontrado.
Opté por huir de ese lugar, salí de allí como “alma que lleva el diablo”, temerosa y avergonzada por el espectáculo de ignorancia que acababa de ofrecer. Sentí las miradas y los comentarios burlescos de las personas que allí laboraban, y la pregunta al salir:
─ ¿No le interesa el puesto?
Qué iba yo a responder. Desde ese día cuidé al mantenerme alejada de ese monstruo llamado computador, pero él se encargaba de seguirme a cualquier lugar. donde yo fuera. Decidí que debía cambiar de trabajo, el computador y yo… no teníamos nada en común, así que me puse a trabajar en otros oficios alejados de la llamada tecnología.
Este aparato se me presentaba en todas partes, era semejante a un hombre en conquista que me perseguía buscando seducirme y convencerme de acariciarlo y de poseerme rendida a sus pies, me negaba a él, no quería conocerlo, menos desear ni siquiera posar mis manos sobre sus formas. No lograba eludirlo, cada día me llegaba por medio de revistas, de la radio, de la prensa, de la tele y donde yo iba hay estaba él… Y su terquedad y su fuerza de seducción me atrajeron como un imán. Furtivamente, cuando sentía que nadie me observaba, tomaba la publicidad donde se exhibía y lo miraba y analizaba, preguntándome miles de cosas sobre él.
Pasaron muchos años desde nuestro primer encuentro. Cambié de ciudad, continué en mis labores donde la tecnología no tenía nada que ver, pero a su lado se me presentaron nuevos y tentadores aparatos que apoyaban la seducción del que parecía ser el amo y jefe. Y una tarde a mis manos llegó la publicidad de una escuela donde extendían la invitación para aprender “Informática”. Saqué mis ahorros y con todo el valor del mundo me presenté e inicié el conocimiento del enemigo llamado computador.
¡Ah! Qué difícil, cuánto me costó llegar a conocerlo, sobretodo porque él y yo manteníamos en una continua riña, él dispuesto a seducirme y yo terca en mi deseo de: “estoy aquí porque no me queda otro camino, eso no quiere decir que te ame”.
El curso al que asistía sábados y domingos, me molestaba; sacrificar mis días de descanso por él y para él, me producían rechazo.
A la capacitación asistían personas muy jóvenes y yo a punto de pasar la barrera de los cuarenta, era torpe, mis manos no lograban dominar el mouse, todo se me hacía una dificultad, pero había pagado y bastante costoso que me había salido el chistecito de “enfrentarme al enemigo”. Superándo todas las dificultades y con el apoyo de mis compañeros de estudio, cumplí con los requerimientos para recibir la formación básica sobre manejo de computadores, recibí mi certificado y me alejé de nuevo de él.
Pasaron los años y cuando me decidí a publicar mi primera novela, la necesidad de digitar nos reunió de nuevo y esta vez si que me envolvió en sus redes, acaparó mis días y mis noches, me jugó bromas pesadas como el borrarme los documentos que llevaba digitando durante horas y hasta una noche cinco días antes del plazo para presentar mi obra literaria el señor seductor, me la desapareció por completo de sus archivos… entonces si que lo odié, renegué de él para luego regresar a entregarle mis ojos y mis manos y durante más de 24 horas fui solo para él.
Han pasado los años, nuevas historias he creado y los tropiezos y feroces enfrentamientos iniciales, se han convertido en un amor que cada día nos une y nos hace estar juntos y necesitarnos.
Acá estoy… convertida en maestra de Nuevas Tecnologías, Diseñadora Gráfica, Web máster y Alfabetizadora Digital. Él y yo vivimos un romance que ha sobrevivido a miles de tormentas y hoy duerme a mi lado, almuerzo junto a él, y lo más importante… me ha brindado una manera de subsistir por medio del diseño y de la enseñanza.